Antes de imprimir nada hay que responder a una pregunta que parece obvia y casi nunca se hace del todo: sobre qué se va a marcar y para qué va a servir esa pieza. La técnica no se elige por gusto ni por precio, se elige por el material, la geometría, el uso que va a tener la pieza y el número de unidades. Cambia uno de esos cuatro y muchas veces cambia la técnica.
El material manda
Un mismo logotipo no se comporta igual sobre un textil que sobre una placa de aluminio o sobre un plástico técnico. El textil absorbe y se deforma con el uso y el lavado. El metal no absorbe nada, así que el marcaje tiene que agarrarse o grabarse. Los plásticos son un mundo aparte: dos piezas que parecen iguales pueden tener tratamientos superficiales distintos y aceptar la tinta de forma muy diferente.
Por eso la primera pregunta de cualquier presupuesto serio es de qué está hecha la pieza, y no solo de qué color es.
La geometría decide más de lo que parece
Una superficie plana admite casi todo. En cuanto aparece una curva, un relieve, un borde o una pieza pequeña, las opciones se reducen. La serigrafía necesita apoyo plano o cilíndrico regular. La tampografía llega a superficies irregulares y a huecos donde no entra una pantalla. El láser no toca la pieza, así que resuelve geometrías complicadas, pero su resultado depende de cómo reaccione el material al calor.
Conviene mirar la pieza real antes de decidir. Una foto o un plano no siempre enseñan el radio de una curva o el espacio libre alrededor de la zona a marcar.
Qué va a aguantar esa pieza
No es lo mismo un artículo promocional que se reparte en una feria que una placa de instrucciones que va a estar años en una máquina, ni una camiseta de evento que un uniforme que pasa por lavadora industrial cada semana.
Cuando la pieza tiene que resistir abrasión, disolventes, intemperie o lavados repetidos, la durabilidad pesa más que el coste por unidad. Marcar barato una pieza que va a durar mucho sale caro cuando hay que rehacerla.
Cuántas unidades
El número de piezas cambia la ecuación, porque cada técnica reparte su coste de forma distinta. Las que necesitan utillaje o pantalla tienen una preparación inicial que se amortiza con la tirada: a más unidades, menos peso tiene ese arranque. Las técnicas digitales no arrastran esa preparación, así que suelen salir mejor en cantidades cortas y en trabajos con muchos colores.
La pregunta útil no es cuál es más barata, sino cuál es más barata para tu cantidad.
Y el número de colores
Un logotipo a una tinta plana y un degradado fotográfico no son el mismo encargo. Algunas técnicas trabajan por colores separados y cada color añade un paso al proceso; otras imprimen todo el rango de una vez. Si tu marca vive de un color corporativo exacto, esto importa todavía más, porque no todas las técnicas reproducen una referencia Pantone con la misma fidelidad sobre cualquier material.
La forma rápida de acertar
Si tienes la pieza, envíanosla. La marcamos y te la devolvemos, para que veas el resultado sobre tu propio producto y no sobre un simulado. Esa muestra cierra en unos días discusiones que por correo no se resuelven, y es el paso que evita sorpresas cuando ya está lanzada la tirada completa.


